No sé muy bien cómo empezar a contar esto, y creo que eso ya dice bastante de por qué estoy aquí. Nunca había ido a terapia antes. De hecho, durante mucho tiempo pensé que no lo necesitaba. Pero últimamente hay algo que me está ocupando demasiado la cabeza:
ME GUSTA MI COMPAÑERA DE TRABAJO
Trabajo como teleoperador en una empresa grande. El trabajo es repetitivo, muchas horas sentado, muchas conversaciones iguales. Allí conocí a María. Es una compañera de trabajo. Coincidimos en turnos, en descansos, en comentarios sobre clientes pesados o días malos. Nada fuera de lo normal. Al menos al principio.
Con el tiempo empecé a darme cuenta de que me gustaba. No fue un golpe fuerte ni una decisión consciente. Simplemente empecé a fijarme más en ella, a esperar coincidir, a pensar en si estaría ese día. Ella también me lanza indirectas. Comentarios, bromas, miradas. Nada explícito, pero suficiente para que yo sepa que no me lo estoy imaginando.
El problema es que yo tengo pareja. Tengo una familia. Y no quiero ser infiel. No es algo que encaje con la imagen que tengo de mí mismo ni con los valores con los que he construido mi vida. Aun así, me descubro con curiosidad. Pensando qué pasaría si cruzara una línea que, de momento, no he cruzado.
Mi relación no está pasando por un buen momento…
No estamos mal, pero tampoco bien. Hay menos conversación, más distancia, más cansancio. Muchas veces he estado sintiendo que funcionamos por inercia, resolviendo el día a día, sin mucho espacio para nosotros. No hay grandes discusiones, pero tampoco mucha conexión. Con María me siento distinto. Más ligero. Más visto. Y eso me genera una mezcla rara de ilusión y culpa.
Porque una parte de mí disfruta de esa sensación, y otra se reprocha incluso sentirla. Me digo que mientras no haga nada, no pasa nada. Pero al mismo tiempo sé que por dentro ya está pasando.
A veces pienso que debería cortar de raíz cualquier acercamiento. Otras veces me digo que no es para tanto, que es normal sentirse atraído por otra persona después de tantos años con la misma pareja. Y así voy, moviéndome entre justificarme y castigarme.
No estoy buscando que alguien me diga qué tengo que hacer. No quiero que me juzguen ni que me digan que soy una mala persona. Solo quiero entender qué me está pasando. Por qué ahora. Por qué con ella. Qué tiene que ver esto con mi relación y conmigo.
Me da miedo dejarme llevar y romper algo importante. Pero también me da miedo seguir ignorando lo que siento y que esto salga por otro lado, peor gestionado. Estoy cansado de darle vueltas solo.
Supongo que por eso he pedido ayuda. Porque no quiero vivir dividido entre lo que deseo y lo que creo que debo hacer. Y porque intuyo que entender esto a tiempo puede marcar la diferencia.
No puedes controlar lo que sientes, pero sí controlar tus decisiones: entender las emociones es parte de ser fiel a quien eres.
Si te sientes en una situación similar te ayudaremos a darle orden y sentido al torbellino de emociones que tienes en este momento. No esperes un día más, no esperes a que la cosa empeore. El primer pequeño pero gran paso es contactar con nosotras.

